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LOS HOSPITALES TIENEN MUCHO PARA ENSEÑARNOS

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Nunca pensé que trabajar en el área de emergencias sería algo que me gustaría. En un principio me generaba mucha ansiedad. Siempre me llamó la atención el rubro de la medicina y la ciencia, pero no estaba seguro de tener las agallas para estar a cargo de la vida de otra persona. Además, era muy inseguro en esos años para estudiar medicina o algo parecido. 

Sin embargo, ahora mi realidad era otra. Estaría trabajando en un hospital por 15 meses como parte de mi programa de formación como capellán. Llegué a Carolina del Sur desde Chile, sin nunca antes haber estado allí. Sin experiencia como capellán, pero con el deseo de servir a Dios y a otros.  

Me lancé a la experiencia de Clinical Pastoral Education (CPE) con todo y con el paso del tiempo aprendí lecciones que me cambiaron la vida: 

  • No hay una forma correcta o incorrecta de reaccionar ante la muerte de un ser querido. Todas las emociones y reacciones son válidas y humanas. Hay quienes se quedan en shock, sin una reacción o emoción aparente. Otros se desmayan, golpean cosas o lloran desesperadamente.  

  • Dios está en medio de cada situación y cada persona que se encuentra en el hospital. Esta es mi creencia personal. Creo que Dios ya está presente y yo puedo ayudar al paciente y/o a su familia a conectarse o reconectarse con Dios.   

  • Mis problemas parecían muy pequeños luego de ver a pacientes luchando contra enfermedades terminales y crónicas o al compartir con sus familiares. 

  • Ver a quienes sufren diariamente por problemas y limitaciones de su salud me hizo valorar mi propia salud y la de mi entorno más cercano. 

  • Hay muchas personas que tienen reacciones negativas ante las figuras religiosas porque han tenido malas experiencias en el pasado con algún clérigo o con alguna congregación. Generalmente, la reacción de la otra persona tiene que ver menos contigo y más con ellos mismos.  

  • Es necesario hablar sobre la muerte con nuestros seres queridos. Estuve con muchas familias que tuvieron que tomar decisiones médicas sin saber del todo lo que su familiar hubiese querido. Por ejemplo, si quería estar conectado a un respirador artificial o que lo resucitaran si su corazón dejaba de latir.  

No es fácil tener esas conversaciones, pero sí es necesario. Mis abuelos y bisabuelos contaban que era lo más común y corriente que nuestros familiares murieran en casa. Ahora los programas de televisión o streaming no nos muestran esa realidad. Solo vemos a gente que muere en hospitales o de manera trágica y/o violenta. Es fundamental hablar sobre cómo nos gustaría pasar los últimos días de nuestra vida, sobre todo si no estamos en capacidad de decidir por nosotros mismos.  

Es verdad que la formación clínico pastoral no es para todo el mundo. No todas las personas quieren ser capellanes. Sin embargo, es una experiencia importante para poner en práctica nuestras habilidades pastorales. Nos ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos y cómo nos relacionamos con los demás. El mundo del hospital nos enfrenta a situaciones impensables para quienes no recorren sus pasillos diariamente: bebés que no sobreviven, personas que de un momento a otro se enteran de que tienen días o meses de vida, pacientes que literalmente le hacen honor a su nombre, ya que esperan años por un trasplante y miles de situaciones más que no siempre tienen un final feliz como en la televisión. 

Todo lo que podamos aprender en el Seminario o la Universidad no nos prepara al 100% para enfrentar estas realidades y ser de ayuda para quienes nos necesitan en ese momento. He aquí la importancia de la formación clínico pastoral o CPE, como se conoce comúnmente en EE. UU.  

Lamentablemente en Latinoamérica solamente existen hospitales aislados que han usado el modelo de CPE o se han convertido en una sede satélite de CPE, como es el caso en México. En mi país, Chile, no existe un programa de CPE ni una sede satélite. Hasta donde sé, no hay programas de formación para capellanes hospitalarios. Justamente porque no existen los capellanes hospitalarios. Lo que existe son voluntarios que visitan a los pacientes y sus familiares, desconozco que tipo de formación tienen para hacer esto. 

Cabe recalcar que estos grupos de voluntarios pertenecen a diferentes iglesias y se acercan a los distintos hospitales para realizar su ministerio. No es el hospital quien provee el servicio sino una iglesia o grupo en particular.  

Esta realidad nos da cuenta que todavía hay mucho trabajo por hacer relacionado al cuidado pastoral en América Latina. Es importante conocer los beneficios que trae el contar con apoyo pastoral en el hospital, para ojalá algún día contar con este servicio: 

- Hospitalizaciones más cortas 

- Mejor manejo del dolor 

- Mayor satisfacción durante su hospitalización 

- Mayor motivación para completar las tareas relacionadas con su 

recuperación 

- Mejora en su sensación de bienestar y calidad de vida 

Más información detallada sobre estos datos se puede encontrar en el estudio (en inglés) de la Dr. Christina M. Puchalski, llamado “The role of spirituality in healthcare”1. Esto me lleva al otro tema que quería mencionar: la limitación del idioma. 

En mi opinión y según lo que he investigado, los materiales que existen sobre cuidado pastoral en español son pocos. Además, hasta donde sé, todos los programas de CPE en EE. UU. exigen un nivel de inglés alto, cosa que es entendible. Pero qué hacemos con nuestros líderes laicos y ordenados para quienes el inglés no es su idioma nativo. Si bien hay ministros ordenados que se formaron en EE. UU. porque son bilingües, hay quienes estudiaron fuera de EE. UU. y no tuvieron acceso a una formación clínico pastoral y hay otros que no son bilingües.  

Sin embargo, el idioma no debería ser una limitación. Sé que hay supervisores de CPE latinos que están llevando este conocimiento a sus comunidades de fe. Pero debo admitir que no sé qué hacen las comunidades de fe latinas con respecto a su formación sobre cuidado pastoral. Mi experiencia es limitada ya que solo estuve un par de años en EE. UU. y no asistía a congregaciones latinas sino anglo. Y cuando hablo de formación sobre cuidado pastoral no me refiero a un programa solamente para personas que quieran ser ministros ordenados o capellanes. Hay niveles de profundidad de lo que se puede enseñar. Por ejemplo, aprender sobre el proceso de duelo nos puede servir a todos porque todos lo enfrentaremos en algún momento, sino lo hemos hecho ya. Otro tema transversal es el de la empatía y cómo usarla para apoyar a otros.  

Reconozco que no he sido, del todo, parte de una solución al problema que estoy plantando, pero me gustaría serlo si Dios permite que regrese a los EE. UU. Mientras tanto, empiezo por poner este tema sobre el tapete para que me digan qué piensan, qué se está haciendo que yo desconozco, qué les gustaría que se hiciera y cómo podemos enseñar y dar cuidado pastoral desde nuestra identidad latina.